hace algunas semanas tuve el placer de conocer en primera persona las delicias de la nueva t4 de madrid. he pasado unos meses sin tomar un avión, y cuando lo hice nunca fue con iberia. no sé por qué, pero no me daba confianza. pero el 20 de octubre me armé de fuerzas y decidí asumir el riesgo de tomar el último avión que sale de madrid hacia barcelona. hora oficial de salida: 23:20 h. llegada a las 12 y poco. se puede asumir.
la puerta de embarque de un avión es un lugar curioso, un lugar de paso donde todo el mundo apura las últimas llamadas con sus seres queridos (esto daría para otro post) haciendo como si estuviera solo, todos sentados en una enorme terminal frente a una puerta que no se abre. ¿no se abre? ya son las 23:00
de repente llegó la sorpresa, una señora gritona se acerca hasta la puerta vociferando que el avión se retrasa hasta las 3 de la mañana. "esta pobre señora debería regularse la vista", pensé. pero la tía veía mejor que mi esperanza. y ahí llegó el tumulto. todos corriendo hacia el puesto de poner las reclamaciones: iberia sólo tiene un libro (para todo un pasaje del avión), los empleados (con alguna excepción) groseros y malencarados, y los pasajeros, ay los pasajeros. en un momento todos los desconocidos de la puerta j28 nos convertimos en aliados contra un enemigo que sabemos no podremos vencer. pero le tocaremos los huevos
"tenemos derecho a cenar", asegura un hombre mayor de acento catalán. los catalanes conocen siempre muy bien sus derechos. "mi mujer y yo somos vegetarianos!, recuerden que deben poner dos menús vegetarianos". alguien recuerda el motor que se quemó en pleno vuelo de la compañía clickair barcelona madrid. "y revisarán el avión?". el personal de iberia pierde los nervios, y mientras tanto comienzan los grupitos. el más gracioso se compone de tres chicos jóvenes que no se conocía y un matrimonio mayor, de aspecto sureño. el marido, desdentado, comienza a hacer chistes sobre la apariencia de la chica que atiende las reclamaciones, poco después intenta hacerle un calvo. su mujer, un poco harta ya del espectáculo de su marido, lo impidió. a mí me tocó un grupo formado por un viajante acostumbrado a este vuelo ("todos los viernes pasa igual, aunque lo de hoy ya es una pasada") y media docena de chicas, alguna bastante interesante. conversaciones banales sobre aviación, chistes fáciles, poco ligoteo que decepción. a nuestro lado, sin entender anda una chica sueca de muy buen ver. no abrió la boca en las 3 horas.
una reclamación a iberia, otra al personal de iberia por groseros, un bocata y al avión. llegamos a barcelona a las 3 y media. taxi y al cumpleaños de ainhoa, baldado.
el domingo, a la vuelta, coincidí con uno de mis compañeros de aventura, uno de los que más ruido hizo y más chistes contó. lo miré sonriente, para saludarlo y hacer algún comentario sobre la puntualidad del vuelo dominical. miró para otro lado