no he visto más, pero ha sido suficiente para dar la vuelta a mi estómago. estaba allí colgado del muro, con cuidado para que no se cayera al suelo, sucio e inmóvil. estaba del otro lado del cristal, de ese del que sólo están los que ya no están. a su alrededor, pero al otro lado del cristal había un par de coches de policía que no sabían hacia donde mirar, aunque nadie, ni los policías ni los que viajábamos en el autobús teníamos ninguna duda de dónde estaba la noticia. hace poco mi amigo el naúfrago contaba en su blog una historia parecida, pero desde la parte de abajo del viaducto, me pareció dura pero no me la llegué a creer. me parecía increíble que en un lugar por el paso todos los días alguien decidiera dar su último vuelo. pero está claro que me equivoqué, sólo un anorak ha bastado para darme cuenta. un anorak colgado
la foto es del naúfrago cosmopolita
Créetelo, Bernie, la sangre corría sin dejar lugar a dudas. Cuando ves una cosa de esas te das cuenta de que hay muchos temas serios en la vida. Y, bueno, no se pueden poner puertas al campo, pero yo me quedaría más tranquilo si se cerrara definitivamente el mínimo hueco que permite a los suicidas acceder al otro lado del cristal. Suena un poco absurdo y sé que alguno dirá: si se quiere matar se matará. Bien, pero a veces un detalle de esos puede salvar una vida. Y, joder, todas las vidas son importantes, aunque sea obvio decirlo.